Lavado de alfombras

¿Cómo lavar tu alfombra?

El lavado de alfombras a mano

Lavar tu alfombra puede llegar a ser una odisea si se busca una solución low cost. El tinte de toda la vida nos dará un magnífico resultado a un coste elevado. Usar la lavadora, aunque asequible, puede deteriorar la alfombra. Solo nos queda remangarnos y lavar la alfombra a mano. Pero, ¿por dónde empiezo? ¿Cómo lavar tu alfombra a mano?

Aspirar, sacudir y lavar

Antes de lavar a mano una alfombra deberíamos eliminar toda esa suciedad que está por encima pasando la aspiradora. Así evitaremos gastar mucha agua aclarando varias veces suciedad que podemos retirar aspirando. Tras aspirar deberíamos sacudir la alfombra, por el mismo motivo.

Lavar tu alfombra en la bañera o ducha

Lo primero que tenemos que ver es si disponemos de un recipiente más o menos liso (o por lo menos no rugoso) para lavar nuestra alfombra. Si esta es pequeña bastará con un barreño relativamente grande, aunque lo más probable es que tengamos que recurrir a la ducha o incluso a una bañera.

Lavar tu alfombra a mano

A menos que tratemos de limpiar una mancha pequeña, lavar una alfombra media o grande en un recipiente pequeño puede convertirse en una tortura. Siempre que sea posible elegiremos bañera, además de un suelo de azulejo o piedra sobre el que no pase nada si cae agua.

El agua para lavar nuestra alfombra

Una vez elegido el lugar donde lavaremos la alfombra, lo llenaremos de abundante agua templada. Esto también es crucial, ya que temperaturas frías o calientes pueden romper los tejidos exactamente del mismo modo que la lavadora. Entre 25 y 30 grados es una temperatura aceptable.

¿Cómo saber la temperatura si no disponemos de un termostato? Lo que podemos hacer es elegir agua caliente e ir metiendo la mano cada pocos minutos. Cuando al meterla notemos mucho calor pero una sensación agradable en lugar de la necesidad de sacar la mano corriendo será el momento ideal.

El uso de jabones para lavar una alfombra

Nuestro consejo es el de huir de los detergentes y jabones industriales pensados para lavadora. El problema es que con alguno existe un efecto boomerang, y una vez limpia la alfombra se convierte en un imán para el polvo.

Existen jabones para lavar a mano. Si optamos por estos frente a jabones naturales hechos por nosotros, deberíamos mirar bien la etiqueta y evitar alcoholes, colorantes u olores. Nuestra alfombra no necesita oler bien para estar limpia.

El modo de lavado no se parece en nada a las vueltas que la alfombra pueda dar en la lavadora. Y tampoco a las sacudidas que se ven en las películas en que se lava en los ríos. La paciencia juega un lugar importante en la conservación de la alfombra.

El mejor modo de lavar una alfombra es sumergirla al completo en el agua templada jabonosa que hemos preparado y, con las manos, ir poco a poco subiendo y bajando el tejido. Haciendo que el agua penetre en la alfombra sin brusquedad.

Lo ideal es sacar la alfombra del recipiente, vaciarlo y empezar de nuevo el proceso. Tras dos o tres veces veremos que el agua en que lavamos la alfombra apenas sí se oscurece.

Esto es crucial: aunque la lavemos diez veces el agua seguirá ensuciándose. Hay un momento en el que tenemos que parar el proceso, por lo que podríamos marcarnos un máximo de cuatro lavados con agua templada. Uno tras otro.

Enjuagar con abundante agua tibia

El último paso es uno de los más importantes, y requerirá mucha agua. Por eso la bañera es un lugar ideal. Es el aclarado, mediante el que vamos a retirar cualquier resto de jabón que pudiese quedar en el interior de la alfombra. De lo contrario podría acartonarse durante el secado.

Algo que suele funcionar muy bien es darle bastante presión a la ducha y abrir el chorro todo lo posible. Si se tiene regulador, claro. Si el chorro es concentrado, es mejor usar la caída del agua. Así evitaremos maltratar los tejidos.

Escurrir: el pre-secado

El secado de la alfombra es un proceso que aconsejamos hacer al aire libre o, como poco, al aire. Sin secadores ni calor directo aplicado a la alfombra. Es decir, es un proceso que puede llevar incluso uno o dos días.

Para ello, es conveniente escurrir la alfombra lo que nos sea posible antes de tenderla. Así nos ahorraremos una larga espera. Enrollarla un par de veces sobre sí misma ayuda a conservar los tejidos en buen estado, mientras que doblarla puede provocar pequeñísimas roturas.

Recuerda que lavar una alfombra es necesario cada cierto tiempo, pero que ese tiempo puede ser ampliado si la sacudes con frecuencia y si pasas la aspiradora a menudo.

Si quieres evitar todo este largo y agotador proceso, te invitamos a contactarnos y cotizar el lavado de tus alfombras.

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